Mientras la policía municipal nos guiaba del sucedáneo de camerino que era esa pequeña oficina del ayuntamiento al escenario, me era imposible tener experiencia sensible distinta a los gritos del público eufórico, la manera en que retumbaba el suelo debido a los brincos de tantos que tenían esperando desde la tarde la aparición del grupo que cerraría el día de la gran fiesta. Subimos escoltadas por los elementos de seguridad, caminábamos detrás de esos hacedores de sonidos y nos colocamos a la orilla del escenario, desde donde podíamos ver a los músicos muy de cerca y a los asistentes en toda su extensión. Tantas veces había estado yo abajo, gritando, brincando, cantando y bailando, esa noche me tocó estar del otro lado del espejo. De entrada te olvidas de las subjetividades, la gente de abajo es indistinguible, todos gritan, todos corean las canciones al pie de la letra, nada de recordar " x traía camisa azul esa noche" , pero eso sí ,si se da la ocasión, a todos saludarás...